Felicidad y locura

Hace unos días asistí a un Foro en que se exponía cómo la felicidad y la locura te llevan al éxito y son parte importante del liderazgo.

En la primera parte, el siquiatra Nassir Ghaemi profesor clínico de Medicina de Harvard explicaba que los estados de animo (no crónicos) de depresión y manía tienen aspectos positivos como el realismo, la empatía y la creatividad que promueven el liderazgo y llevan al éxito.

Comúnmente tenemos prejuicios acerca de la depresión, casi que es un tema tabú, si entendiéramos el potencial maravilloso que hay detrás de este estado, quizás seriamos mas resilientes cuando nos encontramos ahí y mas solidarios cuando son otros los que lo padecen.

En la segunda parte. el exitoso profesor de Harvard, Tal Ben-Shahar (dictó la cátedra mas popular de la Universidad: «Psicología positiva»), nos explicó como la felicidad lleva al éxito.

En su ponencia expuso los resultados de un estudio de liderazgo, donde encontraron que las personas líderes son aquellas con características ordinarias que logran resultados extraordinarios a través de:

  • Tener claridad en sus metas futuras
  • Optimismo en los resultados
  • Se enfocan en sus puntos fuertes
  • Identifican roles a seguir
  • Son físicamente activos

La propuesta del profesor Ben-Shahar para mantener un estado de animo positivo y feliz es hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿De qué estoy agradecido?
  • ¿Qué progreso he logrado hoy?
  • ¿Qué es lo mejor que he hecho como líder?
  • ¿Cuándo me he sentido mas seguro en el trabajo (o a nivel personal)?
  • ¿Qué aprecio acerca de mi o mi pareja? (cuando no lo hago las cosas buenas de la relación se van depreciando)
  • ¿Qué me hace mas fuerte?

Queda demostrado que cualquier persona tiene la capacidad para ser feliz, la fórmula del profesor Ben-Shahar es simple, la magia la pone cada cual cuando asume el poder de liderar su vida en positivo. Los malos momentos hacen parte de la vida, es uno quien decide la duración de ese momento, tanto la felicidad como el sufrimiento son OPCIONALES, yo decidí ser feliz y tu?.

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Entre la incertidumbre y la confianza

Hoy es un día gris, frío y lluvioso, de esos que te arrastran a la melancolía, que alborotan tus miedos, que te roban la esperanza.

Está claro, las emociones y los estados de ánimo son cíclicos, que pereza que siempre estuviéramos cual bufones o payasos, eso solo sería una careta a la verdadera existencia. Esta experiencia terrenal merece ser vivida al 100%, con el derecho absoluto a sentir rabia, tristeza y todas esas emociones que hemos catalogado como «malas» cuando simplemente nos están mostrando lo vivos que estamos.

Es en esos momentos de «bajón» cuando aparece ese monstruo gigante que es la incertidumbre. Cuántos hemos intentado de mil maneras adivinar nuestro futuro, acudimos a cualquier tipo de señal que nos de seguridad acerca de lo que pasara, el reto? afrontar cada segundo de vida como un salto al vacío.

Confiar, sí, confiar y tener fe en que todo lo que está por venir es justo lo que conviene y corresponde. Fácil, no? ya se que no lo es, pero de eso mismo se trata, de trabajar espiritual, emocional y mentalmente en fortalecer nuestra fe en la abundancia del Universo.

Cuando nos enfocamos en lo que hace falta, en lo que deseamos y no hemos conseguido, estamos alimentando la impaciencia e incertidumbre, entramos en un estado de frustración e inconformismo, y la bola de nieve sigue creciendo impidiéndonos ver las bendiciones que nos rodean. Una de mis frases favoritas en esos momentos es «el tiempo de Dios es perfecto», cuando me la repito como un mantra consigo ubicarme en el ahora, estar en el presente para entender que cualquier cosa que llegue es perfecta y tiene todo el sentido para mi vida.

Es decisión propia escoger el camino estrecho con espinas o el sendero amplio lleno de luz. ¿Cuál has escogido tú?

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¿Tener o ser? ¿Qué es lo que realmente nos hace felices?

Siendo este un espacio para compartir temas relacionados con el bienestar en todos los aspectos, en esta ocasión mi buen amigo y gran economista David Castells escribe sobre la cuestionable relación entre la riqueza y la felicidad.

¿Y a ti qué te da felicidad?  ¿qué lugar ocupa el dinero en tu vida?

¿Tener o ser? ¿Qué es lo que realmente nos hace felices?

Los economistas llevamos ya siglos buscando las claves de la prosperidad y reflexionamos sin cesar para explicar la riqueza de unos y la pobreza de otros. Aunque nos queda mucho por entender, a día de hoy sabemos mejor los determinantes del crecimiento económico de los países (sus recursos naturales, su capacidad de ahorro e inversión, tanto en capital físico como humano -salud y educación-, su capacidad de innovación, unas instituciones fuertes, una política económica apropiada, etc.). Crecimiento económico que, a largo plazo, permite que podamos acceder a niveles cada vez mayores de riqueza. Y es que riqueza material y bienestar personal están muy relacionados; nuestra riqueza nos permite satisfacer nuestras necesidades básicas y acceder a bienes y servicios que de otra forma no podríamos disfrutar.

Sin embargo, sabemos que la riqueza material no lo es todo. El bienestar de las personas depende de muchas cosas más. Nuestra felicidad no solo se basa en lo que tenemos, también en lo que hacemos y en lo que somos. De hecho, cuando nos detenemos a estudiar datos sobre riqueza material y felicidad solemos encontrar dos patrones dignos de análisis. En primer lugar, vemos que aunque la felicidad crece a medida que crece nuestra riqueza, la capacidad de esta última disminuye drásticamente cuando ya hemos acumulado riqueza suficiente (rendimientos marginales de la riqueza material). Es decir, la riqueza nos hace felices cuando nos permite satisfacer necesidades básicas y mejorar nuestras condiciones de vida, pero una vez esto esta conseguido mayor riqueza no nos hace especialmente más felices. En segundo lugar, el análisis de datos suele reflejar que, a pesar del patrón anteriormente descrito, para niveles similares de riqueza, diversos individuos muestran niveles de felicidad muy dispares. O dicho de otra forma, un mismo nivel de felicidad parece poder ser alcanzado con mayor o menor riqueza material.

La “economía de la felicidad” se centra hoy en día en estudiar que nos hace felices y en intentar explicar porque estas disparidades entre individuos de riqueza similar. Lo que los estudios demuestran es un poder explicativo muy alto de nuestros niveles de felicidad de factores que no necesariamente tienen porque estar asociados con nuestras capacidades económicas. Gozar de buena salud y poder practicar deporte incrementa nuestro bienestar. Pasar tiempo con nuestros amigos y nuestra familia nos hace felices. Amar nos da más alegría que comprar. Tener contacto con la naturaleza nos puede alegrar más que gastar. De igual forma, estudiar y hacer en la vida lo que nos gusta y nos llena determina significativamente nuestra felicidad. En definitiva, lo que la economía de la felicidad nos dice es que ser y hacer, más que tener, es lo que realmente le da sentido a nuestra vida.

Así, la lección de la economía de la felicidad aplica tanto para nuestros países como para nosotros como individuos; aunque poder disponer de recursos económicos es importante, no debemos obsesionarnos con la riqueza material. Otros aspectos de la vida, muchos de ellos “gratis”, son igualmente o más importantes que el crecimiento económico. Esforzarnos por potenciar las capacidades para gozar de la vida siendo y haciendo lo que nos gusta, con las personas que queremos, puede ser mejor estrategia para ser felices que acumular dinero. Tanto nosotros mismos como nuestros dirigentes deberíamos entenderlo y cambiar nuestro sistema económico hacía uno en que la prioridad de nuestra acción individual y colectiva sea el bienestar personal y social y no la mera acumulación material.

David Castells Quintana

Economista

http://decastells.blogspot.com.es

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¿Estás buscando afuera lo que se encuentra adentro?

Esta historia maravillosa que he tomado de la web http://www.osho.com (en el link tarot de la transformación), es el espejo en el que nos vemos reflejados día a día, constantemente responsabilizamos a los otros de nuestra felicidad o desdicha, asumimos que llegaremos a la plenitud de la vida llenándonos de «visiones» materiales que cuando se desvanecen nos enfrentan al gran vacio de nuestro espíritu.

Nos obsesiona la búsqueda externa (de reconocimiento, dinero, poder, amor, etc.), somos incapaces de explorar dentro de nosotros, nos llenamos de miedo ante la incertidumbre de encontrar algo opuesto a la imagen que por fuerza hemos «creado».

Observarnos no será fácil (¿por qué esperamos siempre esforzarnos al mínimo?), requerirá de paciencia (es simplemente un proceso, que importa lo largo o corto), discernimiento (capacidad de distinguir nuestros pensamientos y juicios) y sabiduría.

Si en el camino hacia nuestro interior llegamos a amarnos y aceptarnos habrá valido la pena cualquier intento de buscar.

Rabia y el acertijo de la aguja perdida

Nacemos para ser dichosos, es nuestro derecho de nacimiento. Pero la gente es tan estúpida, ni siquiera reclama su derecho de nacimiento. Se interesan más por lo que poseen los demás y empiezan a correr detrás de esas cosas. Nunca miran dentro, nunca buscan en su propia casa. La persona inteligente comenzará la búsqueda desde su ser interno —ese será el primer lugar a explorar— porque a menos que sepa lo que tengo dentro, ¿cómo puedo ir buscando por el mundo?; es un mundo tan grande. Y los que han mirado dentro lo han encontrado instantáneamente, inmediatamente. No se trata de un progreso gradual, es un fenómeno repentino, una iluminación repentina.

He oído hablar de una gran mística sufí, Rabia al-Adawia. Una noche, la gente le encontró sentada en la carretera buscando algo. Era una mujer mayor, tenía los ojos débiles y apenas podía ver. Por eso los vecinos vinieron a ayudarla. Le preguntaron: —¿Qué buscas?

—Esa cuestión es irrelevante —dijo Rabia—, estoy buscando. Si podéis ayudarme, hacedlo.

Se rieron y dijeron: —Rabia, ¿te has vuelto loca? Dices que nuestra pregunta es irrelevante, pero si no sabes lo que estás buscando, ¿cómo podemos ayudarte?

Rabia dijo —De acuerdo. Sólo por satisfaceros os diré que estoy buscando mi aguja, he perdido mi aguja. Ellos empezaron a ayudarla, pero enseguida se dieron cuenta de que el camino era inmensamente ancho y la aguja era una cosa muy pequeña. Por tanto, preguntaron a Rabia: —Por favor, dinos dónde la has perdido, el lugar exacto y preciso. Si no es muy difícil. El camino es muy grande y podríamos estar buscando eternamente. ¿Dónde la perdiste?

—Otra vez planteáis una pregunta irrelevante —dijo Rabia—; ¿qué tiene eso que ver con mi búsqueda?

Se detuvieron y dijeron: —¡Ahora estamos seguros de que te has vuelto loca!

—De acuerdo —dijo Rabia—, para satisfaceros os diré que la he perdido en mi casa.

—¿Entonces por qué estás buscándola aquí? —le preguntaron. Y se comenta que Rabia contestó: —Porque aquí hay luz y adentro no. El sol se estaba ocultando y aún quedaba algo de luz en el camino.

Esta parábola es muy significativa. ¿Te has preguntado alguna vez qué estás buscando? ¿Has convertido alguna vez la pregunta de qué estás buscando en objeto de tu meditación profunda? No. Incluso si en algunos momentos, momentos de sueño, tienes una intuición de lo que estás buscando, nunca es muy preciso, nunca es muy exacto. Aún no lo has definido.

Si tratas de definirlo, cuanto más definido esté, menos sentirás la necesidad de buscarlo. La búsqueda sólo puede continuar en un estado de vaguedad, en un estado onírico; cuando las cosas no están claras simplemente sigues buscando. Empujado por algún impulso interno, llevado por algún apremio interno, hay una cosa que sabes: tienes que buscar. Es una necesidad interna. Pero no sabes qué buscas. Y a menos que sepas lo que estás buscando, ¿cómo vas a encontrarlo?

Es algo vago; piensas que está en el dinero, en el poder, en el prestigio, en la respetabilidad. Pero después ves personas respetables, personas poderosas, que también están buscando. Después ves personas tremendamente ricas; y también están buscando. Buscan hasta el final de sus vidas. Por tanto, la riqueza no va a ser de ayuda, el poder no va a ser de ayuda. La búsqueda continúa a pesar de lo que tienes.

Debes estar buscando alguna otra cosa. Esos nombres, esas etiquetas —dinero, poder, prestigio— son sólo para satisfacer la mente. Son sólo para ayudarte a sentir que estás buscando algo. Ese algo aún es indefinido, una sensación muy vaga. La primera cosa para el buscador real, para el buscador que está un poco alerta, consciente, es definir la búsqueda; formular un concepto claro de ella, de lo que es; sacarla de la conciencia de sueño; mirarla directamente, afrontarla.

Inmediatamente empieza a ocurrir una transformación. Si empiezas a definir tu búsqueda, empiezas a perder interés en ella. Cuanto más la defines, menos hay allí. Una vez que sabes claramente de qué se trata, de repente desaparece. Sólo existe cuando no estás atento.

Deja que lo repita: la búsqueda sólo existe cuando duermes; la búsqueda sólo existe cuando no eres consciente. La inconsciencia crea la búsqueda.

Sí, Rabia tiene razón. Dentro no hay luz. Y como dentro no hay luz ni conciencia, por supuesto que sigues buscando fuera; porque fuera parece haber más claridad. Nuestros sentidos son completamente extravertidos. Los ojos se abren hacia fuera, las manos se mueven, se extienden hacia fuera, las piernas se mueven hacia fuera, los oídos escuchan los ruidos externos, los sonidos. Todo lo que está a tu disposición se abre hacia fuera; los cinco sentidos se abren de manera extravertida.

Empiezas a buscar donde ves, sientes, tocas: la luz de los sentidos te lleva fuera. Y el buscador está dentro. Esta dicotomía tiene que ser comprendida. El buscador está dentro, pero como la luz está fuera, el buscador empieza a moverse de manera ambiciosa, tratando de encontrar algo de fuera que sea satisfactorio. Y nunca va a ocurrir. Nunca ha ocurrido. No puede ocurrir en la naturaleza de las cosas porque, a menos que hayas buscado al buscador, toda tu búsqueda carece de sentido. A menos que llegues a saber quién eres, todo lo que buscas es fútil, porque no conoces al buscador. Sin conocer al buscador, ¿cómo puedes avanzar en la verdadera dimensión, en la verdadera dirección? Es imposible.

Primero hay que tener en cuenta lo primero. Si has parado toda búsqueda y de repente te has dado cuenta de que sólo hay una cosa que saber: «¿Quién es este buscador en mí? ¿Qué es esta energía que quiere buscar? ¿Quién soy yo?»; entonces se produce una transformación. Todos los valores cambian de repente. Empiezas a moverte hacia dentro. Entonces Rabia ya no se sienta en el camino buscando una aguja que se ha perdido en alguna parte en la oscuridad de su propia alma. Una vez que te empiezas a mover hacia dentro…

Al principio está muy oscuro; Rabia tiene razón. Es muy, muy oscuro porque durante vidas enteras nunca has estado dentro: tus ojos han estado orientados hacia el mundo exterior. ¿Lo has observado? A veces, cuando entras en casa desde el exterior que está muy soleado, la luz es muy brillante… cuando de repente entras, la casa está muy oscura, porque los ojos están enfocados en la luz externa. Cuando hay mucha luz, las pupilas se encojen. En la oscuridad, los ojos se tienen que relajar. Pero si quedas sentado un rato, poco a poco la oscuridad desaparece. Hay más luz; tus ojos se van adaptando.

Durante muchas vidas has estado fuera, al calor del sol, en el mundo, por eso cuando entras dentro has olvidado completamente cómo reajustar los ojos. La meditación no es más que un reajuste de tu visión, de tus ojos. Y si sigues mirando dentro —se requiere tiempo— gradualmente, lentamente, empiezas a sentir que dentro hay una luz preciosa. Pero no es una luz agresiva; no es como el sol; se parece más a la luna. No brilla, no deslumbra, es muy fresca; no es caliente, es muy compasiva, es muy calmante, es un bálsamo.

Poco a poco, cuando hayas ajustado la luz interior, verás que eres la misma fuente. El buscador es lo buscado. Entonces verás que el tesoro está dentro y que el único problema era que estabas buscándolo fuera. Estabas buscándolo en algún lugar externo y siempre ha estado dentro de ti. Estabas buscando en la dirección equivocada, eso es todo.

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Meditación de conexión con el «YO SOY»

En tiempos en que meditar es una necesidad básica del cuerpo, la mente y el alma; comparto con ustedes esta hermosa meditación tomada de la web www.claudiomdominguez.com.ar

 

Cierro los ojos y abro el corazón..
me vinculo con lo que YO SOY..
YO SOY esa sensación de que existo..
esa percepción es lo que YO SOY..
YO SOY la Conciencia.. la luz.. la belleza..
la verdad.. la perfección..
todo lo que está más allá de la ignorancia..
ya no necesito buscar mas luces afuera..
YO SOY LA LUZ..
estoy en calma.. armonía.. sé quien soy..
todo es perfecto en mi vida..en mi mundo..
en este instante YO SE QUIEN SOY..
mi mente se abre ante el universo y ya no tengo límites..
mi mente superior es ilimitada.. perfecta..
permanente.. sabia.. eterna..
mi mente mundana es limitada..impermanente..efímera.. ignorante..
pero siempre tengo los elementos para volver al estado perfecto de mi conciencia..
siempre puedo volver a lo que YO SOY..
me uno desde mi luz y conciencia a toda la existencia:
que todos los seres de todos los mundos sean eternamente felices..♥
que todos los seres de todos los mundos sean eternamente felices..♥
que todos los seres de todos los mundos sean eternamente felices..♥
amén, así sea..y amo, amo.. amo más ..amo mucho..♥

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